martes, 18 de septiembre de 2012

Madame Curie en La Perla


Veinticinco kilómetros separan a Hurlingham de once. Menos de media hora en tren o auto, pero para una banda de barrio que hace todo a pulmón el viaje puede tardar un poco más. Madame Curie, de años vagando por los escenarios del oeste del conurbano, se sacó el gusto de tocar en el emblemático bar “La Perla” y representar al rock de Villa Tesei en plena Capital Federal.
Y vaya que dejó bien parado al barrio con el sonido crudo y la garra que caracteriza a esta nueva formación, en la que el vocalista Matías Figueroa se sumó a la guitarra de Juan Villalba, el bajo de Rodrigo González y la batería de Sebastián Iglesias.
Al final del primer tema, “Supernova”, la gente le demostró que más allá de las distancias seguían siendo locales, y eso aflojó todos los nervios del precalentamiento. Ese fue el momento de disfrutar la música y el paisaje de aquél bar mítico. Sin embargo, la apariencia del local estaba lejos de ser la que el imaginario común puede pensar sobre el bar donde se escribió la primera canción del rock nacional. Tan sólo algunas fotos y una placa conmemorativa hacían recordar que en el baño de ese lugar Litto Nebbia había escrito junto a Tanguito “La balsa”.
Así como en algún momento Ramsés VII había llevado el espíritu del oeste del conurbano a aquel bar, Madame gritaba su rock al compás de “2 por 4”, “Volar”, “Nada más”, “El gordo”, entre otros temas. Los pibes cumplieron, disfrutaron e hicieron disfrutar.
Después fue el tiempo de los saludos finales, los aplausos, el pedido de una más y la gente que finalmente se retiró con una sonrisa de satisfacción. El bar quedaba vacío casi en su totalidad, y con la terquedad de siempre los pibes del barrio miraban a su alrededor buscando la mística perdida. En un asiento, totalmente solo, Rodolfo García (baterista de Almendra y Aquelarre) miraba el partido de Vélez-River sin que nadie lo molestara. Esa es La Perla de la noche.


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