lunes, 12 de septiembre de 2011

EL BUDISMO ZEN Y LAS ARTES

Hace algunos días debí leer para la facultad un artículo sobre el interior y el exterior en el budismo Zen. Debo reconocer que comencé la lectura con un halo de desconfianza, estimo que propio de mi cultura occidental. Pero de a poco, la temática comenzó a atraparme, quizás justamente por lo extraña y ajena. Fue así que algunos ejemplos, que se mencionaban en el texto para entender esta filosofía oriental, me dejaron reflexionando.
“Cuando se escucha intensamente una música bella, ya no se la escucha, puesto que uno mismo es música mientras dura”. De esta manera, el autor Toshihiko Izutsu, practicante del budismo, explica que “en ese intenso momento, la música es escuchada tan profundamente que ya no existe una persona determinada que la escucha ni música escuchada: ya no hay un “yo” opuesto a la música; hay simplemente música sin sujeto ni objeto”.
Un segundo ejemplo, que también se relacionaba con el arte, me sorprendió y creo necesario compartirlo. “Supongamos que un pintor de Extremo Oriente quiere trazar en blanco y negro la imagen de un bambú. En primer lugar, no buscará en modo alguno el parecido. Antes que ninguna otra cosa, quiere penetrar la realidad interior del bambú y dejar que el “espíritu” de la planta emane de su pincel como si se tratase de una secreción natural del bambú mismo”.
Antes de que el lector decida indefectiblemente cerrar el blog para abrir la página de Clarín y volver a asuntos “terrenales”, intentaré una suerte de interpretación sobre esta filosofía. La cultura oriental, entre otras muchísimas cuestiones, postula la correspondencia entre el interior y el exterior, en tanto que conduce en definitiva a una identificación total de ambos. Para esta cultura, todo sucede en el espíritu, nada queda en el exterior del espíritu. El acontecimiento entero de la naturaleza se interioriza y por lo tanto no hay una diferenciación entre exterior e interior. Contrariamente a lo que sucede en Occidente, donde lo que constantemente busca el individuo es manipular ese exterior, dominar a esa naturaleza ajena, en vez de intentar por lo menos una pacífica interacción.


“No es exagerado decir que Oriente tiene un temor terrible a la vida dinámica. Asimismo, Occidente tiene un temor terrible a la solitaria calma del ser”

Por Rocío Rimoldi

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